vivienda unifamiliar en Navarrete - La Rioja

La idea del proyecto viene impuesta por la parte promotora desde el principio: generar una edificación con cierto rigor volumétrico, sin dar pie a un proyecto aleatorio para cualquier parcela, sino que surja una arquitectura relacionada con el entorno urbanístico del lugar.

Además debe cumplir el requerimiento de generar un espacio vividero que albergue las necesidades de los abuelos, de una forma totalmente independiente. Este debe verse favorecido por un funcionamiento y una interrelación directa entre los diversos usos.

La siguiente parte del edificio reunirá los espacios destinados a la familia promotora, y puesto que las necesidades son mayores, del mismo modo lo será el espacio edificado a este fin. Esto obliga a relegar parte de esta superficie a una primera planta.

En cualquier caso, el condicionante anterior nos servirá para justificar volumétricamente una pieza que emerge de la planta inferior para erigirse en referente dentro del conjunto arquitectónico. Un recurso que entabla la relación con las edificaciones de alrededor por medio de una escala más urbana.

Este volumen en la zona más alejada de la entrada permite una mayor perspectiva del conjunto, paliando en parte esa colmatación de la parcela debido a la ocupación en planta.

No obstante se plantea el edificio como una primera fase de una actuación en la que en el futuro surgirá una nueva volumetría en la zona central de la parcela destinada a albergar en planta primera, un recinto dedicado a merendero, relacionado directamente con la cubierta plana transitable que servirá de expansión los días cálidos.

En definitiva, se plantea una edificación desarrollada principalmente en planta baja, y que una vez completada en su totalidad, contará con una volumetría en planta primera, que destaque la intención escultórica de la obra.

El primer espacio vividero se caracteriza por una diferenciación bien marcada entre la zona de día y la de noche, favoreciendo a la primera, en cuestión de iluminación y soleamiento. Esto implica que los dormitorios se orienten al norte ya que necesitan unas condiciones climáticas menos exigentes. También se relegan al norte los aseos, uno servidor de la casa y un segundo ligado al dormitorio principal.

El salón, la cocina y el comedor, tienen todos orientación sur, y por tanto existe una secuencia que los relaciona, hasta llegar al porche abierto a la luz del atardecer.

El segundo espacio vividero se articula con el primero mediante un porche exterior donde encontramos los núcleos de comunicaciones verticales, que nos conducen al garaje y a los cuartos de servicio planteados en el sótano (lavadero, tendedero, cuarto de caldera), o al posible merendero futuro de la planta primera.

Esta pieza residencial se articula toda en torno a un patio de luz, que toma presencia en la vivienda como elemento estético y formal, y que será característico de la identidad del espacio. En torno a él se relaciona la cocina con el comedor, este con el salón y el salón con la escalera que nos lleva a la planta primera. Pero a su vez, tamiza la relación entre la cocina y el salón.

Este último se manifiesta con doble altura, a la que se incorpora una pasarela y un distribuidor, ambos volcados al vacío de este espacio. Estos sirven como ámbito intermedio entre la zona de día y los dormitorios. Se desligan por orientación las habitaciones de los hijos de la de los padres, siendo ésta última la que genera el voladizo que conforma el porche ligado al salón.

El material de revestimiento de la vivienda será la piedra arenisca, sin recurrir a un segundo material. Esto permitirá entender el edificio como una unidad escultórica, perforada por los huecos de ventana, que contarán con carpintería de aluminio, color grafito, que le ayuda a mimetizarse con el vidrio.